martes 9 de junio de 2009

Colonia dos


Pocos grupos de turistas caminaban el lunes a la tarde por el barrio histórico. Dicen que junio es el mes en que menos vienen, la mayoría desapareció cuando se hizo de noche (cuando está oscuro nadie da vueltas por las calles iluminadas por los faroles amarillos, en mis dos días en Colonia caminé varias veces por ahí a esas horas y crucé sólo a algunos perros). Antes un guía enumeraba los datos básicos del país, del departamento y de la ciudad a un grupo que miraba y esperaba el turno de pasar a la próxima etapa de la carrera fotográfica. El hombre apilaba números a los que nadie parecía prestar mayor atención hasta que mencionó la superficie total uruguaya y la cantidad de habitantes del país. Una mujer miró a sus compañeros de viaje e hizo el gesto (que aparentemente es universal) de enrular el dedo índice sobre la base del pulgar. El resto confirmó la pequeñez subiendo y bajando la cabeza.

Dar una vuelta por Colonia en una noche bien fría (y seguramente por eso así de solitaria) se metió, sin aviso previo, en el listado de mis cosas favoritas.