martes 12 de enero de 2010

In My Life - Johnny Cash


Se murió Rohmer. La puta madre.

Terminaban los noventas o arrancaban los dosmiles, no me acuerdo bien. Yo iba a un curso introductorio al cine con una libretita, arrastrando mi cinefilia tardía, ignorante y desordenada (todavía la conservo casi tal cual, no a la libretita). Gustavo Castagna dictaba las clases en el micro cine de TEA, en Lavalle y Junín, los sábados a la tarde. O por lo menos eso creo. Volvía en subte, revisando los nombres que se iban acumulando en los renglones y los pedazos de películas que habíamos visto y retumbaban en mi cabeza. Puedo revivir (en realidad no es un sentimiento que me haya abandonado así que debería decir que vivo, no revivo) la desesperación frente a tanto cine para ver, tanto nombre nuevo.

Una clase embistió Solanas, la hora de los hornos y después, no tengo idea si en la misma o la semana siguiente, fueron fragmentos del perón de Favio. Las consignas, lo denso, la declamación, las figuras, tanta metáfora. Volvía agarrado de esas anillas pasamano del subte con la cabeza casi colgando y en los oídos el narigón del siglo de Divididos, cierro los ojos y me vuelvo a ver. Unos días después, todavía embotado por la forma que había tomado el cine, buscaba La hora de los hornos para verla completa. El perón de Favio, gracias a dios, no se conseguía, creo que ni lo había terminado (después lo terminó, lo pasaron por crónica, lo vendieron en dvd en los kioscos de revistas).

Y fue en esa búsqueda, embarrado en el cine político, de barricada o como sea que quieran definir al film de Solanas, que apareció un vhs que había salido con alguna revista, pienso en Noticias pero no sé, Cuento de otoño de Rohmer. El nombre me sonaba, busqué en la libretita y ahí estaba, entre Godard, Truffaut, creo que también Chabrol. Había visto Week End, Sin Aliento, Los 400 Golpes y supongo que Jules et Jim pero nada de Rohmer. La compré, corrí a casa y la metí en la video. Cuando terminó salí a alquilar otra, conseguí Cuento de Verano. Volví, la metí en la video. Me sacudió todo lo fatal, esa carga de toneladas. Personajes de una frescura, de una simpleza… No podía ser que el tipo tuviera casi ochenta. Guardé el vhs en algún lado que ya no recuerdo, supongo que lo perdí, igual tampoco tendría cómo volver a verlo.

También me olvidé de Rohmer, hasta hoy que se murió. La puta madre.